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Musica
B
y the way: lo último de los Red Hot Chili Peppers
Luego de un
por demás exitoso y vendedor Californication, Red Hot Chili Peppers (o ají
puta parió, como más te guste) se tomó tres años entre giras y el ocio clásico de
los rockeros millonarios para lanzar un nuevo disco.
Esta vez, no hay nada de insultos callejeros ni raps pegajosos ni guitarras distorsionadas con Wah Wah. Este disco es distinto. Si ya en Californication pudiste notar diferencias esenciales en cuanto al sonido de los Peppers, en By the Way esto se hace más notorio y comienza a transitar un camino que parecería ser común a muchos artistas consagrados (desde Metallica y su actual fracasado rock n´ roll, Megadeth y sus ansias electrónicas, y hasta Aerosmith y sus baladas para quinceañeras).
Lo cierto es que los Peppers siguen mutando para un costado más romántico y menos funk metal (esa mezcla de estilos que los llevó a su popularidad).
El tema del amor es recurrente en el álbum y fue "la llave de la creación", según expresa el productor del disco, Rick Rubin. Cuando el año pasado comenzaron a trabajar en la confección de By the way, el cantante de la banda, Anthony Kledis, estaba muy enamorado y eso influyó en que esta temática sea primordial.
"Estaba locamente enamorado con la vida y con la música. Estaba conectado con el cosmos. Había veces que mi corazón estaba tan abierto que sentía amor del universo y me ponía a escribir sobre ello", cuenta el multitatuado cantante.
Este rasgo hace que By the way sea muy diferente al resto de los discos de los Peppers. Han cambiado sus canciones punk funk "de chico blanco" (como dirían en California) por un sonido más elaborado con sonidos impresionistas y con texturas cósmicas.
El guitarrista John Frusciante, aquel que se
fue para One hot minute (Dave Navarro ocupó su lugar), lanzó un
paupérrimo disco solista, y terminó volviendo a la banda, cuenta cuáles fueron sus
influencias para la composición: "Estuve escuchando de todo y me inspiré mucho.
Desde doo wop y música de la década del ´50 y del ´60 hasta algo de pop y
especialmente Queen en sus comienzos".
Y esta influencia se nota claramente en la búsqueda exploratoria que hacen los Peppers a lo largo del álbum. Un ejemplo es un tema llamado "On Mercury", en el cual hay destellos de ska y mucho sonido de vibrato. Algo en lo que nunca habían transitado. Flea, ese espectacular bajista pelado que adora desnudarse en los shows, dice al respecto: "Siempre nos gustó el ska pero nunca habíamos probado en incluir una canción de ese estilo en un disco nuestro".
También, y siguiendo en la línea del cambio, aunque no lo crean, hay un tema con toques de flamenco compuesto por John Frusciante, con una percusión bien latina y con guitarras españolas llamado "Cabron". Anthony Kledis dice sobre el tema: "Vino de la mano de la guitarra de John (Frusciante) y ese aire de México mezclado con ritmos de doo wop, y el sabor a energía latina por supuesto".
By the way está teñido todo el tiempo por ese amor al cosmos y también por la locura paranormal de Frusciante. En este combo de ezquisofrenia, y luego de estar encerrados como cuatro ratas de laboratorio, Red Hot Chili Peppers lanzó el disco.
"No podría hacer música si no fuésemos todos amigos. Es importante que cada uno disfrute con la presencia del otro. Nos amamos, y ese amor sale a la superficie en la música", dice el guitarrista sobre cómo lograron aguantarse meses viviendo juntos.
De todas formas, en conferencia de prensa, Anthony Kledis se atajó ante las preguntas sobre cómo había cambiado la banda y contestó: "Nosotros somos los mismos. Podemos comer con la reina de Inglaterra y mantener nuestra onda punk rock ".
Volviendo al disco, les recomiendo que lo prueben si les gustó mucho los cambios de Californication porque acá se van a encontrar con un grupo más relajado, sin tanto funk, sin tanta guitarra al palo, y con sonidos y canciones que los harán verificar si el disco puesto en la compactera es de los Red Hot Chili Peppers o si se equivocaron.
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