El sábado 5 de julio, Indio
Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado realizaron el segundo recital de la
gira nacional de "Porco Rex", en la ciudad de Tandil, provincia de Buenos Aires.
El primer recital del año había sido en Jesús María, Córdoba, en el mes de abril, y
anoche se anunció que el tercer recital del Indio Solari será el 27 de septiembre en la
provincia de San Luis
Como en épocas de los
Redonditos de Ricota, el ritual de los seguidores del Indio Solari se repitió, esta vez,
en Tandil. Hasta la ciudad serrana llegaron más de 50 mil personas que siguieron el
segundo recital de la gira presentación de Porco Rex, el último trabajo del
ex-redondos.
Sobre las 21.20, Solari
apareció en el escenario del hipódromo local junto a su nueva banda, Los
Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Desde entonces desplegó un show impecable, donde
se escuchó buena parte de los temas que componen su último trabajo, Porco
Rex, y otros tantos hits de sus mejores épocas junto a la ya disuelta
Redonditos de Ricota.
Desde el jueves la mística
ricotera se hizo sentir en Tandil, con la llegada de miles de jóvenes de todo el país
que coparon los campings y algunos hostales. Por decisión de la banda, no se hubo
publicidad organizada y la convocatoria fue a través del boca a boca.
Sin ningún tipo de incidentes, el recital se desarrolló en calma.
Ya habían pasado
Pedía siempre temas en la radio, Ramas caídas, y Martinis
y tafiroles, tres canciones de su última obra que antecedieron el primer episodio
netamente ricotero.
El cuarto fue La hija
del fletero (Lobo suelto, cordero atado) lo que despertó el asombro que generan los
Fundamentalistas desde arriba del escenario, sobre todo el primer guitarrista Baltazar
Comotto, que conmueve en varios pasajes con fraseos furiosos.
Ahí se vieron las primeras
bengalas y las primeras pibas en los hombros de los chicos, postal que se repitió hasta
las 12 de la noche cada vez que el Indio reversionó, con solvencia, canciones que antes
lo tenían con otros compañeros de ruta. A los temas de los Redondos le dan otro
vuelo le dijo alguien al oído a este cronista, en referencia a la solidez con la
que se mueven los socios de Solari.
El cuarto también trajo
reminiscencia: una excelente versión de El infierno está encantador (Gulp),
canción que despabiló a los cientos de cuarentones y cincuentones que, en muchos casos
con sus hijos y esposas, se acercaron hasta el histórico circo de carreras.
Entre tema y tema, sobre
todo en el primer tramo Solari bebió de un vaso y se excusó: Van a tener que
ayudarme, porque mi salud no está en mi mejor versión. Una mano que le llegó,
sobre todo, cada vez que reeditó clásicos que surcaron la densa niebla en Villa Aguirre.
Eso sucedió con el
siguiente en la lista, Rock para el negro Atila (Lobo suelto, cordero atado),
que volvió a despertar los ánimos de una masa humana que, antes de que comenzará el
recital, había recibido una llovizna de los bomberos que, como muchos, también
estuvieron presentes detrás del escenario.
El oscuro romanticismo de
Y mientras tanto el sol se muere se sumó a la noche, una canción que el
Indio le dedicó a su mujer y a la madre de su único hijo: Bruno. En la misma línea,
sonó el mismísimo Porco Rex y Bebamos de las copas lindas, para
completar otro tramo de los nuevos.
Los viejos clásicos
volvieron de la mano de Un angel para tu soledad (Lobo suelto, cordero atado),
aunque inmediatamente Nike es la cultura demostró que Solari y los
Fundamentalistas están tanto o más afilados- que años atrás cuando presentaron
El tesoro de los inocentes (Bingo fuel).
Sopa de lágrimas
(para el pibe Delete) y Te estás quedando sin balas de plata volvieron
a generar la asombrosa contemplación por el sonido actual, con Comotto en el centro de
los aplausos y comentarios elogiosos.
Otra vuelta por los
clásicos con Ella debe estar tan linda (Un baión para el ojo idiota) y
Me matan limón (Luzbelito), para poner nuevamente al frente la dupla de
guitarras con Tatuaje (Porco Rex).
Divina TV Fürer
(Oktubre) y To beef or not to beef (El tesoro de los inocentes), fueron la
antesala de ¿Por qué será que no me quiere Dios? (Porco Rex), dónde el
Indio estrenó pasito nuevo, según el mismo lo definió entre las luces.
Llegó el momento de
Vuelo a Sidney y de Pabellón Séptimo (relato de Horacio), una
canción que el mismo dedicó a un amigo muerto en un penitenciario y que anoche reafirmó
con un saludo ahí para los muchachos.
Un poco de amor francés (La mosca y la sopa) y Juguetes perdidos
volvieron a mostrar la vigencia de los Redondos, mientras que Tatuaje y
Flight 956 antecedieron el cierre que, como en otras oportunidades, marcó uno
de los pogos más grandes del mundo. Con Ji, ji, ji, Solari se despidió de su
gente hasta el 27 de septiembre cuando se presente una vez más en San Luis. Eco
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